Un hambre espantosa

En el gimnasio, pectorales y tríceps. También estiramientos, incidiendo en el tren inferior, por lo de la pierna, que, por cierto, con el ejercicio y la fisioterapia, mejora. El médico de atención primaria, sin embargo, me recetó Ibuprofeno y reposo. De haberle hecho caso me veo inútil ya a mí edad y para los restos. Para comer, pescado a la plancha, patata asada, ensalada, fruta y yogur natural. Unas cuantas páginas de Montesquieu, “El espíritu de las naciones”. En el capítulo VII menciona un pasaje de Sócrates de Constantinopla en su “Historia de la Iglesia (libro II)”, a saber: «Juliano ordenó que se rebajara en Antioquía el precio de los víveres y causó un hambre espantosa».

Jesús de la Palma 

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