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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía

Hart Creen

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Me detengo en el caso de Hart Creen. Al Álvarez lo menciona al final de “El Dios Salvaje: Ensayo sobre el suicidio”; un ensayo, por cierto, que encaja perfectamente en la definición de ensayo en tanto que la honra. Al adentrarse en sus páginas, el lector se topa con un documento sólido, con un despliegue narrativo cargado de sensibilidad y erudición que lo hará devorar las páginas con intriga y avidez. Volviendo a Creen, poeta estadounidense, se suicidó debido al tormento que le producía su condición de homosexual. En 1932, cuando se encontraba realizando en barco el viaje de vuelta desde México a Nueva York, trató de entablar relaciones con un marinero, lo cual hizo que la tripulación le pegara una paliza. Se arrojó pocas horas después desde la borda del barco delante de decenas de testigos gritando: «¡Adiós a todos!».  Jesús de la Palma

Los restos del naufragio

Ricos y pobres, opulencia y esclavitud, hambre y guerra, y estupidez. Estupidez a raudales. Que la rueda siga girando. Ya está todo dicho y aun así todo sigue igual. Me siento algo cansado y decepcionado. Mi desafío ahora es sereno, meditado. Que la rueda siga girando. ¡Qué más da! Todo sigue igual. Me ha aprovechado bastante el artículo de hoy de De Prada, el cual versa sobre el «lúcido ensayo de Diego Fusaro, “El nuevo orden erótico (Ed. El Viejo Topo)”», y que concluye con el versículo decimoquinto del capítulo tercero del Génesis, a saber: «Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar». Gana el “Madrid” al Barça: dos a uno en el último minuto. Me entero por Facebook. No importa cuánto quiera aislarme del ruido exterior. «¿Ves? —me digo—, la rueda sigue girando». La tele del comedor suena de fondo: el cacareo de una tertulia donde se debate de forma cínica e inútil el horario de la jornada labora...

Apolo

Continúo con la lectura de “Los mitos griegos”, de Robert Graves. En las anotaciones al pie de cada capítulo leo que «los atenienses no eran amantes de la guerra a no ser para defender su libertad o alguna otra poderosa causa, y despreciaban a los tracios por ser unos bárbaros que habían hecho de la guerra un pasatiempo». Asimismo, que Apolo, enemigo del barbarismo, predicó la moderación en todo y tuvo bajo control durante la época clásica las ciencias en general y la música, la poesía, la filosofía, la astronomía y las matemáticas y la medicina en particular. Leo a su vez que Jacinto, el joven príncipe espartano, fue en clave mitológica el primer hombre que cortejó a otro hombre. No deja de ser paradójico, pues, que en la sociedad actual se hable de progreso cuando la mayoría de las guerras se inician por intereses económicos, cuando la sexualidad se halla postrada a los pies del capitalismo y ha perdido cualquier propósito narrativo, y cuando la poesía y la filosofía han sido desterr...

Algo grande

Un amigo me pregunta por guásap que si he leído a Walt Whitman. Al instante me asalta a la mente su imagen, la he visto corriendo por las redes innumerables veces. Internet puede ser una buena escuela si le da un uso adecuado. Por ejemplo, en filosofía yo he conseguido diferenciar el busto de Sócrates del de Aristóteles a primer golpe de vista. En lo referente a Whitman, le contesto: «Creo que sí, aunque no estoy seguro. Hay un libro en uno de los muebles; en la portada aparece una guitarra o el esbozo de esta, de todos modos, no sé si lo he leído o no». Tras enviar el mensaje, e inquietado por la duda, me levanto a buscar en donde creo que puede estar el libro. Lo encuentro y está; también la guitarra; una guitarra abstracta que más pareciera un huevo frito. El inconveniente es que no es de Whitman, sino de Wallace Stevens. Es noche cerrada y hojeo el libro para dormir; tengo algunos libros de poesía, como el de Stevens, que no he leído; “Ventanas altas”, de Philip Larkin, entre ellos...

Monologo interior

El monólogo interior, que no cesa. Nunca le he preguntado a otro cuál es su caso. Sí he leído testimonios hermanos. Ahora pensaba en un poeta (“¿maldito?") recientemente fallecido. Tuvo tiempo de pronunciarse. Realizó unas últimas entrevistas y dejó testimonio de sus impresiones. ¿Cómo era su nombre? De veras que no logro acordarme. Tampoco he leído sus libros, supongo que algún poema por las redes sociales. Pensaba en él contemplando la posibilidad opuesta: el silencio. ¿Qué decir ya...? Pronunciarse a la desesperada sin tener verdaderamente nada que decir. ¿Y qué hago yo de continuo? Por eso mismo, guardar silencio llegado el caso. Es imposible volver atrás. El anhelo de no haberme pronunciado antes. Desde la primera palabra todo lo que viene es un afán por enmendar lo dicho anteriormente. Morir virgen de palabra, inmaculado de obra, condenado por omisión. Nadie escapa libre de culpa al acontecimiento esencial. Todo está perdido de antemano. Solo queda el perdón de Dios.

Mansedumbre

El papel preponderante de los gobiernos parece ser la ideologización de las sociedades, su adiestración para la mansedumbre. De esto tenemos un cercano ejemplo durante el encierro de 2020, cuando se impulsaron las iniciativas de los balcones: aplausos y proclamas como “resistiré” o “todo saldrá bien”. Tres años después comprobamos que muchos no resistieron el envite económico y que las cosas han salido peor que mal en todos los sentidos: la cesta de la compra es inasumible para la mayoría de las familias, el acceso a la vivienda se ha convertido en materia utópica; la acumulación de riqueza por parte de los bancos, las eléctricas y las grandes multinacionales; el fantasma de la guerra que planea sobre nuestras cabezas. Ya en el XIX, como exponente de una pésima literatura para el pueblo, Giovanni Prati cantaba en una balada: «Entre nuestras esposas y los niños / trabajamos cantando; quien posee tesoros, el sueño pierde, / quien posee intelecto, su corazón consume». Una literatura que, ...

Todos queremos ser amados

Todos queremos ser amados; pero las mujeres, más.  Todos queremos ser escuchados; pero las mujeres, más.  Todos queremos abrazar la vida; pero las mujeres, más. Todos queremos sonreír; pero las mujeres, más. Todos queremos amar; pero las mujeres, más. Si el hombre quiere un hijo, la mujer, más. Ningún hombre compite con la belleza de la mujer, ni con su generosidad, resistencia, abnegación... Ningún hombre compite con una mujer en cuanto a lo mejor que ambos pueden ofrecer de sí mismos. La mujer siempre es más y mejor que el hombre en lo que a la virtud se refiere. Por la fiel y abnegada Penélope pronunció el divinal Ulises estas airadas palabras: «Sopórtalo, pues, corazón, que cosas más perras soportaste antaño».  La mujer es el corazón, el cerebro y la esperanza del hombre. La mujer es la madre de todos los hombres. Jesús de la Palma 

Grita, llora, habla. ¡Duele!

El cuerpo se pudre un poco cada día.  La mente se atrofia y se acota el terreno de la esperanza. Vivimos en un cuenco de podredumbre.  La ira y la codicia avivan las llamas azules del infierno y el caldo del cuenco bulle con mujeres, hombres y niños que se cuecen en la polenta, que es el alimento del pobre. Vida, lejos te quiero. Muerte, acecha de cerca. El color de la historia es sanguinolento y rico en matices dorados. Muy temprano en la mañana  amor y traición son palabras que no se pronuncian. El vicio impune de la costumbre las ha maldecido. No significan nada.  Pregunta el que desespera, y también vive. La vida lo desuella y le dice: esto es la vida.  Amor sin lágrimas, pócima sin jugo. Es lo que tienes. ¿Es lo que quieres? La vida te elige y tu la seduces para conservarla. ¿Para qué vivir? Para no morir, y por el camino, un sueño.  No grites, no llores, calla. No duele. Grita, llora, habla. ¡Duele! Has gritado, has llorado, has hablado. ¡Has sufrido!...

Me metí a poeta

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A mí me interesa la filosofía y todas sus ciencias derivadas, la sociología, la economía, la historia, la psicología, la psiquiatría; no me interesan las ciencias hipocráticas y materiales, que no materialistas, pues yo no entiendo el mundo sin la materia; pero como a mí todo eso me interesa en lo general y apenas en lo particular, pues al final todo es cháchara y artificio para que los pocos se suban a la chepa de los muchos y vivan a su costa, me metí a poeta; a poeta sin título ni currículum ni circuito poético de amiguetes y aduladores; a poeta solo y a secas, porque el poeta que no es poeta sino por vocación, y sí por oficio o por imposición nomenclaturesca, es un charco con ínfulas de lago con cisnes. A poeta me metí por acorralamiento, porque en esta vida hay que dedicar los tiempos muertos a algo, aunque no sea de provecho, y yo no encontré mejor manera de ocupar los tiempos de hastío; me metí a poeta vuelaplumesco, sin intereses populistas o mercantiles, lo cual me posiciona e...

Poetas

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Los poetas nacen por accidente. Cuando dos estrellas vuelven a sus casas para descansar tras una larga jornada de trabajo y una se queda dormida al volante y choca con otra en un accidente mortal, de ahí nace un poeta; de la muerte de dos estrellas, porque el nacimiento de un poeta siempre es un acontecimiento trágico, aunque nadie lo sepa; solo él. Los poetas son errores mágicos. Los poetas escriben con amor, con tanto amor que lo gastan muy rápido y después ya no saben qué hacer con su vida y, o se mueren jóvenes, como Baudelaire, o terminan en un manicomio, como Leopoldo María Panero; porque ser poeta no es cualquier cosa, no es escribir sobre amor, es vivir muriendo por amor; por amor a una vida sin correspondencia. El genio poético es una maldición para el poeta y una bendición para el mundo. Las estrellas fugaces son conductores suicidas que nunca mueren porque no tienen con quien colisionar; las estrellas que colisionan entre sí y que dan a la vida un poeta son estrellas solitar...