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Mostrando las entradas etiquetadas como Haneke

Cines Verdi

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Anoche, como el sábado pasado, puse en la tele Cines Verdi TV. Daban Amor, de Haneke. La cogí a algo más de la mitad. Pero ya la había visto anteriormente y también escribí sobre ella. El final me volvió a sobrecoger. Cuánto dolor, sutileza y belleza juntos. Haneke se reserva su derecho al silencio. Es cine para adultos, para mentes emancipadas. Es una cinta lenta, donde todo transcurre en interior. Largas escenas donde nada sucede excepto la poesía del silencio y el movimiento pausado. Se oyen los pasos y el crujir de la madera.  Más tarde dieron  Van Gogh , de Maurice Pialat. Al principio no me hacía con el rostro del actor, pero a los pocos minutos ya me había ganado su interpretación. Leí Cartas a Theo hace años y no lo tengo fresco en el recuerdo, pero la cinta me refrescó la memoria, por lo que entiendo que se hizo un retrato más o menos fiel de su testimonio. La tuve que dejar a la mitad porque ya era tarde, pero me gustaría volver a verla. Se trata desde ...

"Amor"

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Siempre me han gustado las escenas de casa.  "Amor", la película, transcurre entre cuatro paredes, porque el amor verdadero no necesita artificios.  En la vejez no se espera a nada ni a nadie. En la vejez se quiere hablar y no se puede; se quiere vivir y no se puede, se quiere morir y no se puede. La vejez ni siquiera es amable en la riqueza. En la vejez, el tiempo ha pasado y nos ha superado. En la vejez, se ocupa el espacio, pero se trasciende el tiempo.  "Amor" es una película lenta e incómoda; honesta y valiente; gris y lluviosa; descarnada. Necesaria. ¡Sutil hasta el espasmo! Cuando Anne, la coprotagonista, le insinúa a Georges, su marido, que «no hay por qué seguir viviendo esto», en alusión a la enfermedad y la vejez, he pensado en la historia de André Gorz y su esposa Dorine, y en "la más bella carta de amor jamás redactada", que está editada bajo el título "Carta a D.: Una historia de amor", y comienza así: «Acabas de cumplir ochenta y d...

La cinta blanca

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En La cinta blanca , la película de Haneke, la cinta blanca simboliza la pureza de espíritu, es el color de la inocencia. El pastor, un fundamentalista religioso, ata una cinta blanca a cada uno de sus hijos cuando han pecado. A uno de ellos, apenas adolescente, lo atemoriza con el pretexto de la muerte y la enfermedad, para que deje de masturbarse, y no satisfecho con ello, a la hora de dormir, le ata ambas manos a la cama. La cinta blanca, como símbolo, los aleja del egoísmo, la envidia; la impudicia, la mentira y la pereza.  La película está rodada en blanco y negro, lo que le transmite un aura de austeridad y melancolía que absorbe la atención del espectador adentrádolo en la espiral de fatalidad que transcurre a lo largo de una historia coral donde se dan tanto la bondad y la honestidad, como los más bajos instintos del ser humano. La banda sonora es el sonido ambiente, el crujido de la rueda de un carro, la conversación, la respiración, los pasos en la tierra, el sollozo de l...

Un libro de transición

El libro de entrevistas de Haneke es un libro de transición. Un cortafuegos entre lectura y lectura. Por ejemplo, ahora estoy con el periodo griego entre manos y necesitaba un descanso. El entrevistado es honesto y las preguntas tienen enjundia. Supongo que conocer su obra ayudará al lector. En mi caso, me ha animado a conocerla, y también a ver el mundo del cine con otros ojos. Tengo en mente comenzar con "Amor" o "La cinta blanca". El cine es un arte, y como toda disciplina artística, tiene su ciencia. No creo que hubiera podido ser director de cine; tampoco actor. No tengo el talento ni la paciencia ni la capacidad memorística.  Quizá únicamente la paciencia. No se me da bien memorizar, en absoluto. Es la tercera vez que leo la Odisea y he vuelto a los primeros nueve cantos un sinfín de veces. Ayer le dije a ella, un tanto en broma, un tanto en serio, que me gustaría conocer de memoria la Odisea, la Ilíada y el Quijote. Jesús de la Palma 
Las personas también se suicidan pasados los noventa años. Esta es una verdad irrebatible, como tantas otras que escapan a la verdad impuesta, estatuida. El suicidio tiene mil caras. Hay quien se suicida en la adolescencia; en la juventud, en la mediana edad o en la vejez. Cada uno en una etapa de la vida y por diferentes motivos. Pero sucede que quienes tienen secuestrada la palabra atribuyen únicamente las causas del suicidio a la inestabilidad emocional, a la enfermedad mental. El caso es eludir responsabilidades y culpar siempre al individuo; al implicado, a la víctima. Recientemente, los casos de dos mujeres pobres, sin hogar, que pidieron poner fin a su vida amparadas en las leyes de suicidio asistido en Canadá, me han conmocionado. Una de ellas ya lo ha logrado. La otra está trámite. En su libro de entrevistas, Michael Haneke expone  el caso de su tía, de noventa y dos años, a saber: «Un año antes de morir, mi tía tenía noventa y dos años e intentó suicidarse tomando somnífe...