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Último capítulo

Termino MANIAC, la novela de Labatut. El libro, en conjunto, está bien, lo he disfrutado. El último capítulo no me ha dicho nada; más centrado en los tejemanejes de la IA que en el drama humano, me ha dejado frío. Eso sí, nada más terminarlo me he puesto a jugar al ajedrez en línea. Hacía años que no jugaba, y nunca lo había hecho con una máquina. He elegido a un contrincante fácil; aun así, a los dos minutos estaba perdiendo un caballo, y la maquinita, en un alarde de superioridad, se ha pitorreado de mí. El que termine el libro comprenderá mi arrebato. Aunque me ha venido bien, la verdad, recordar mi interés por el juego; solo por eso ha merecido la pena la lectura. Durante estos días, entremedias de las trescientas y pico páginas de la trama tejida por Labatut, he leído unas cuantas páginas de “El mundo según Groucho Marx (de la nada a la pobreza)”, de David Brown, y cómo me he reído, porque, qué necesario es reírse, y qué difícil es hacer reír y cuánto aprende uno de los buenos cóm...

Fe cristiana

Sigo con la lectura de “Maniac”, donde sin duda Labatut ha llevado a cabo un exahustivo trabajo de investigación. Escribir novelas no es sentarse a imaginar, hay un duro trabajo de picapedrero detrás. Sobre todo me interesan los aspectos psicológicos de los genios que desfilan por MANIAC, más que sus hallazgos matemáticos: suicidios, matrimonios infernales, locura, depresión; la desesperación, el miedo terrible experimentado por John von Neumann, un racionalista acérrimo, poco antes de morir, que lo hace encomendarse a la fe cristiana. Jesús de la Palma 

Gödel

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Pues está muy bien “Maniac”, el libro de Labatut. Se lee rápido, desde luego, pero no “en una tarde”, como he llegado a leer en alguna parte. Primeramente porque hay que detenerse e investigar, a no ser que se sea un gran conocedor de la vida y obra de los matemáticos más insignes. En dos días he leído algo más de cien páginas, de las trescientas veintisiete de las que consta la obra. Voy por Gödel, un genio de la disciplina, casado con Adele Nimbursky Porkert, una bailarina de cabaret estadounidense. El final del genio resulta conmovedor. Sufría un temor obsesivo a ser envenenado, y no comía a menos que su esposa le preparara la comida. Según diversas fuentes: «A finales de 1977, Adele fue hospitalizada durante seis meses y no pudo continuar preparándole la comida. En su ausencia, Gödel rehusó comer, hasta el punto de dejarse morir de hambre. Al momento de su muerte pesaba unos 30 kg». Jesús de la Palma

Maniac

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Benjamín Labatut tiene cara de chileno; al menos así me gusta verlo, y de escritor, también tiene cara de escritor. ¿Tiene cara de escritor? No. Nadie diría a simple vista que lo es. No existe tal cosa como la cara de escritor. Yo tampoco tengo cara de escritor, y eso que no puedo parar de escribir. Me miro al espejo y lo último que veo es a un escritor. Cualquier cosa menos un escritor. Veo a un hombre, eso sí. Sé que soy un hombre cuando me miro al espejo; un hombre con una historia, una historia que siempre estoy tentado de narrar; de narrarla como escritor, pero como no me veo como escritor, me siento incapaz. Ese ímpetu narrativo de Labatut que me ha cautivado ya en las primeras páginas de “Maniac” y que necesitaría para arrancarme como novelista, no lo tengo; no lo encuentro. Quizá algún día. Labatut me recuerda en su estética a los nostálgicos poperos de los ochenta. Labatut es un moderno, si un hombre del siglo XXII viera una foto suya pensaría que fue un hombre moderno. Yo, al...