La vida en zigzag
Esta mañana he pisado un chicle. Aún hace calor y estaba pegajoso. Me va a costar trabajo limpiarlo, porque el dibujo de la suela es en zigzag y las hendiduras son muy estrechas. Por la tarde he ido al médico. La doctora ha aplaudido mis niveles de colesterol y yo me he alegrado. Nunca habría imaginado llegar a este punto. Fui un joven invencible. Lo celebro con un café con leche y una magdalena con relleno. En la cafetería, un hombre, para mí joven, lleva una pulsera de seguimiento en el tobillo. No es el primero que veo. Me pregunto qué habrá detrás. En el edificio de enfrente vive un punki. Lo he visto al salir. Le calculo mi edad. Los punkis de hoy son “viejas glorias”. Tiene una cresta enorme, que tinta de diferentes colores cada tanto. Es operario en alguna empresa de mantenimiento. Me he fijado en que a veces lleva un mono de trabajo. Voy a la peluquería. Demasiado corto, para mi gusto; aunque mientras me corta, observo en el enorme espejo que tengo a la espalda la calvicie...