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Mostrando las entradas etiquetadas como Granada

Acento de Graná

En cuanto articulo palabra reparan en mi acento. El médico: «Usted no es de aquí, ¿verdad?». «No, de Granada». «Ah, Granada; mucho calor en verano y mucho frío en invierno; nada, nada…». A continuación ha hecho referencia al clima de Milán, también inconveniente. Le digo que la pierna me ha dolido más con el frío durante la Navidad y me ha dado la razón. En la explanada de fuera han montado una carpa de circo; el principal reclamo es el dibujo de una amazona. Desde que vi Noche de circo no puedo evitar mirar los espectáculos circenses con cierta melancolía. De ahí voy a tomar café, no hojeo, como de costumbre, el XLSemanal, con Pérez-Reverte y De Prada. Unas cuantas páginas de Tan poca vida, la novela de Hanya Yanagihara. Más tarde voy al supermercado, en la cola para pagar tengo delante a un señor mayor; solo lleva dos pequeñas cuñas de queso, tiene un prominente bigote y la barba de días. «Hace lo que puede», me digo. Reparo en que en una muñeca lleva aún una pulsera identificativa d...

El Día de Todos los Santos es granadino

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Que cada uno opine a su antojo, pero el Día de Todos los Santos es granadino. Aquí tenemos el humilde pero ceremonioso recuerdo del Hermano Gutiérrez, hombre santo y esforzado cuestor, que con su resplandeciente y perenne sonrisa como arma, se atrevía a cruzar cualquier puerta, por importante y soberbia que esta fuera; siempre recolectando para sus angelitos de Dios. También tenemos la imagen viva de Fray Leopoldo, otro humilde limosnero, caracterizado por su generosidad hacia los más necesitados y su disposición a ofrecerles consejo y comprensión; declarado de forma solemne beato por la Iglesia católica. Tenemos asimismo el cementerio de San José, considerado cementerio monumental   , que además tiene sus propias rutas turísticas, y pertenece a la “ruta europea de cementerios históricos"; situado en las inmediaciones de la Alhambra. En Granada murieron mis abuelos y mis padres; para mí, santos todos ellos, porque santo es el que vence a la muerte permaneciendo en la memoria de lo...

Las ciudades son estados de ánimo

«Las ciudades también son estados de ánimo». Eso mismo le acabo de decir a ella, tras explicarle por qué digo lo que digo de Granada. Entonces ha exclamado, como cayendo en la cuenta de algo que había pasado por alto, y me ha invitado a escribir sobre ello.  E., mi lúcido y bondadoso amigo, es un granadino enamorado de su tierra que me reprocha, y con razón, mi desapego al lugar de procedencia que nos une. Uno quiere permanecer o volver allí donde fue feliz, y en mi caso, paradójicamente, he sido más feliz fuera de mi tierra que dentro. A mi pesar, he de reconocer que no asumir la propia tierra es como no asumirse a uno mismo, y yo vivo en una huida constante. No asumo ni la vida ni la tierra.  En cierto modo, me siento como Irina en ”Solenoide”, la novela de Mircea Cărtărescu, cuando dice: «Me gustaría creer que las cosas existen, pero, sinceramente, no soy capaz. En cuanto las toco, me digo: es una ilusión, no son reales. Me toco a mí misma y no puedo creer que me envuelva e...

Calor granadino

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Domingo por la tarde. Domingo caluroso. Calor seco, tedioso. Calor granadino. Nunca me ha gustado Granada. Puedo decir incluso que la detesto. Pero uno tiene que vivir allí donde puede y le dejan. A los granadinos les gusta mucho Granada. Yo también soy granadino, pero no me gusta Granada. Me gustan mucho más otras ciudades; por ejemplo, Málaga. Con esto no quiero decir que esté en posesión de la verdad. Puede que Granada sea una ciudad preciosa y yo no sepa verlo. El caso es que siempre he tratado de huir de aquí.  He visto dos películas ya a última hora. La primera, comenzada, por la mitad o incluso más allá. “El hijo”, en Prime Video. Me ha dejado verdaderamente consternado. Es de un fuerte impacto emocional. Ha habido momentos en los que me ha costado contener las lagrimas.  Cuando era más joven decía que Granada era un pozo. Ya no digo eso. Digo algo peor que me reservaré para la intimidad. Pero esto no quiere decir que lleve razón. Todos los granadinos, o la mayoría, opi...

Grandeza y miseria del hombre

Veinte de junio. Doce y treinta y cinco de de la noche. Llueve con violencia en Granada. Es algo del todo atípico para esta época. Las lluvias por las que muchos clamaban hace poco más de un mes, se han presentado a lo largo de todo este tiempo en generosa abundancia. Truenos. El estruendo me impide dormir. No sé nada del cambio climático, pero prefiero que llueva.  Acabo de leer la carta apostólica del Santo Padre Francisco, “Grandeza y miseria del hombre”, en el cuarto centenario del nacimiento de Pascal.  Me quedan solo cincuenta páginas para terminar la “Paideia” de Jaeger.  Estoy más cerca de Dios de lo que nunca antes lo había estado.  Me siento amado. Sigue lloviendo.  Jesús de la Palma 

Llueve en Granada

Mayo, finales de mayo, pegando a junio. Llueve en Granada. Llueve a cántaros. Lleva días lloviendo a raudales. Como agua de mayo. El agua siempre llega a Granada, y, si no, ¿qué se le va a hacer?  En Fuerteventura, donde resido largas temporadas, no llueve nunca, no llueve nada; apenas unas gotas de barro de cuando en cuando.  Nunca me han preocupado los períodos de sequía. Soy un hombre de ciudad y no entiendo de las cosas del campo; en realidad no entiendo de nada, pero de las cosas del campo estoy absolutamente desentendido. Soy un urbanita. Desde que nací, he vivido media vida en la calle Zacatín, a veinte metros de Gran Vía. De ahí a la cárcel, y luego, al manicomio. Que no, que es broma; o no. ¿Acaso la sociedad no es una cárcel y un manicomio? Pues eso.  ¿Qué se yo de nada? Sigue lloviendo. Llueve a cántaros, como les gusta que llueva a los que se lamentan porque no llueve cuando las lluvias se hacen de rogar. Nunca me he quejado porque no lloviera; de hecho, cuand...