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Mostrando las entradas etiquetadas como Mamá

Pala Vega

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Me sale al paso una foto de Gary Cooper con un traje beis claro, camisa blanca y corbata azul cielo a juego con los calcetines; posa de pie, con una pierna flexionada y unos zapatos Pala Vega tricolor. Recuerdo que a mamá le gustaban Gary Cooper y Richard Gere. Siempre que los veo me acuerdo de ella.  Jesús de la Palma 

La calle Estribo

En la calle Estribo, no recuerdo si en la esquina con Zacatín o Reyes Católicos, había un supermercado donde iba cuando chico a comprar con papá y mamá. Lo cerraron pronto, quiero decir siendo yo aún muy niño; no sé cuánto tiempo llevaba allí. Un día cogí un paquete de yogures, supongo que de sabores, y los eché en la cesta, carro o lo que fuera, por mi cuenta. Hoy M. A. ha vuelto comer yogur; se ha terminado su primer yogur. Yogur blanco, sin azúcar. Se lo hemos dado en varias veces. Me habría gustado que papá y mamá hubieran visto a su nieto comer yogur.  Jesús de la Palma 

Sobremesa

Ayer, en la sobremesa, su madre sacaba una caja de galletas metálica con fotografías. Estábamos sentados a la mesa camilla. El radiador desprendía un calor intenso. Las piernas me ardían con la feliz consecuencia de una morriña que me indujo a una confortadora duermevela. Era una escena hogareña costumbrista, extemporánea, que me retrotrajo a la serenidad de la infancia. Yo también tengo un cajón lleno de fotografías de otro tiempo que hace años que no abro. Recuerdo asimismo hojear con mi abuela un álbum de fotografías. Había una o dos de estudio, de cuando eran jóvenes. A mi abuelo le encontrábamos un aire a John Wayne. Las había también de un viaje a Benidorm; mi abuela aparece en pareo, a pie de playa, junto a la imponente y paternal figura de mi abuelo. Recuerdo una de mi madre, de cuando era chica, con su vestidito blanco y su media melena negra, entre lisa y rizada. Los padres también fueron niños, aunque a los hijos nos cueste creerlo. Abrir una caja de galletas con fotografías...

Noche de cine

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En un canal de cuyo nombre prefiero no acordarme, emiten  La ventana indiscreta.  James Stewart y Grace Kelly tienen ambos los ojos azules. Busco la edad de Stewart para ese tiempo en Wikipedia: cuarenta y seis años. Le quedaban cuarenta y tres de vida. El corte de pelo que lleva es milimétrico. Me esfuerzo en discernir si lo que parecen canas no es más que el reflejo, y creo acertar al optar por lo segundo. En uno de los primeros planos, hacia el final de la película, se da un aire a Gary Cooper. A mi madre le gustaban Gary Cooper y Richard Gere. Cuando termina la cinta, el coloquio con José Luis Garci; una cátedra de cine. Consulto otra vez Wikipedia. Garci nació once días antes que mi padre, en el mismo año. Se conserva prodigiosamente bien. Cuando lo he visto asomar, lo he encontrado como siempre, y eso que llevaba años sin verlo. Va a hacer un año de la marcha de mi padre. No recuerdo desde cuándo no veía una película del maestro del suspense, pero he visto bastantes....

Memoria

Va a hacer un año de la muerte de papá. Hace poco cumplió doce la de la abuela y veintidós la de la otra abuela; a un abuelo no lo conocí, era de 1896 ó 1898, no lo recuerdo bien; tendría que preguntárselo a papá, y ya no está; de la del otro abuelo han hecho treinta años. ¡Treinta! De la de mamá, veinticuatro.  Conocí a una de mis bisabuelas hasta los siete u ocho años; cantaba canciones, sentada en su sillón, mientras yo saltaba en la cama y le decía que «más, más», y «venga, venga». Así me lo pinta el recuerdo.  Ayer hablaba con mi hijo mayor y coincidió conmigo en que la vida pasa demasiado deprisa, cosa que cuando yo tenía su edad no pensaba, por lo que me alegró escucharlo.  Cuando duermo al bebé y contemplo su facilidad para coger el sueño, pienso que duerme sin memoria.  Hay quienes terminan rodeados de cariño y sin memoria, me pregunto hasta qué punto son afortunados, o si lo son.  ¿Cuál es el precio a pagar por mantener la memoria? Cada uno habrá de ec...

¿Dónde fuimos felices?

¿Dónde fuimos felices?  Yo era feliz los sábados y domingos por la mañana, cuando era niño y me despertaba e iba al dormitorio de mis padres y me metía en la cama con ellos y les decía: «Voy a bucear». Y me sumergía debajo de las sábanas y jugaba a perderme.  Esta tarde de domingo me he echado una pequeña siesta con el bebé encima, y cuando se ha despertado, se ha puesto a recorrer la cama, como si de un terreno inmenso e ignoto que explorar se tratara.  Los niños necesitan lo nuevo para su felicidad así como los mayores, y cuanto más mayores, más, necesitamos que nos devuelvan a lo conocido, allí adonde fuimos felices, para nuestra felicidad.  Jesús de la Palma 

El Día de Todos los Santos es granadino

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Que cada uno opine a su antojo, pero el Día de Todos los Santos es granadino. Aquí tenemos el humilde pero ceremonioso recuerdo del Hermano Gutiérrez, hombre santo y esforzado cuestor, que con su resplandeciente y perenne sonrisa como arma, se atrevía a cruzar cualquier puerta, por importante y soberbia que esta fuera; siempre recolectando para sus angelitos de Dios. También tenemos la imagen viva de Fray Leopoldo, otro humilde limosnero, caracterizado por su generosidad hacia los más necesitados y su disposición a ofrecerles consejo y comprensión; declarado de forma solemne beato por la Iglesia católica. Tenemos asimismo el cementerio de San José, considerado cementerio monumental   , que además tiene sus propias rutas turísticas, y pertenece a la “ruta europea de cementerios históricos"; situado en las inmediaciones de la Alhambra. En Granada murieron mis abuelos y mis padres; para mí, santos todos ellos, porque santo es el que vence a la muerte permaneciendo en la memoria de lo...

Creer

No hace tanto que le preguntaba a mi padre que cómo seguía creyendo en Dios. «¡Con todo lo que pasa en el mundo! ¿Es que no lo ves?», le recriminaba, con una indignación que ahora que pienso en ella me parece un gesto de lo más infantil. Y es que precisamente por eso creía, por todo lo que pasa en el mundo. Menos mal que cuando falleció ya me había enmendado y había dejado de estar en contra Dios y de la Iglesia y llamé al cura para que le diera la extremaunción.  Ahora, cada vez que paso delante de su foto o de la de mi madre, les digo algo y miro hacia arriba, como dirigiendo la mirada al cielo.  No es cuestión de creer o no creer con pleno convencimiento, de establecer criterios más o menos razonables al respecto, no, al menos, en mi caso, allá cada uno; se trata de una cuestión de supervivencia.  Sigo una página en Instagram: “Godbehindbars (Diosentrerejas)”. Se nutre de testimonios de presos con largas condenas, muchos de ellos con varias cadenas perpetuas, que se ha...

Fe

No hace tanto que le preguntaba a mi padre que cómo seguía creyendo en Dios. «¡Con todo lo que pasa en el mundo! ¿Es que no lo ves?», le recriminaba, con una indignación que ahora que pienso en ella me parece un gesto de lo más infantil. Y es que precisamente por eso creía, por todo lo que pasa en el mundo. Menos mal que cuando falleció ya me había enmendado y había dejado de estar en contra de Dios y de la Iglesia y llamé al cura para que le diera la extremaunción.  Ahora, cada vez que paso delante de su foto o de la de mi madre, les digo algo y miro hacia arriba, como dirigiendo la mirada al cielo.  No es cuestión de creer o no creer con pleno convencimiento, de establecer criterios más o menos razonables al respecto, no, al menos, en mi caso, allá cada uno; se trata de una cuestión de supervivencia.  Sigo una página en Instagram: “Godbehindbars (Diosentrerejas)”. Se nutre de testimonios de presos con largas condenas, muchos de ellos con varias cadenas perpetuas, que se...

Diario de lecturas

“Diario de lecturas, interpretaciones y acontecimientos cotidianos”. Este es otro de esos posibles títulos que se me ocurren de cuando en cuando para ese libro del que ya hay buena parte escrito y que nunca verá la luz como tal.  Este título es más prosaico que cualquiera de los otros, de los que no me acuerdo, pero sí sé que tenían algo más de originalidad. Si tuviera que editarlo hoy me saltaría el orden cronológico y comenzaría con una entrada que hablara de la muerte. La idea de la muerte me lleva preocupando desde que tenía diecisiete años. Para bien y para mal.  Mi madre murió por la tarde; mi padre, por la mañana. Siempre le he encontrado sentido a morir de noche.  El orden siguiente del resto de entradas sería cronológico, que es lo más coherente para llevar a cabo una lectura atenta. Esto mismo que escribo es una entrada más del diario. De un calurosísimo día de finales de junio. El verano es un tormento, tanto en la playa como en la ciudad. Si pudiera me ahorrar...

Aniversario

El lunes pasado, día cinco (hoy es miércoles), se cumplieron veinticuatro años sin mi madre. No me acordé de ello todo lo que habría querido, lo que supone todo el día, cada minuto, cada segundo, y hoy me fustigo por ello.  ¿Cuánto me acordé? ¿Se pueden medir los recuerdos? Ahora mismo estoy en eso. Me acordé lo necesario.  Durante el almuerzo se lo he comentado a ella. «¿Te acordaste?». «Sí, claro».  Mi padre falta desde hace seis meses y cinco días.  Hay fotos de ellos por toda la casa. J., mi hijo mayor, me decía ayer que tengo dos hijos.  Jesús de la Palma