Escroleo infinito
Sí, lo he dicho anteriormente: estaríamos mejor sin la invasión de vídeos cortos que incitan al escroleo infinito. Aun con todo, no niego que haya potencial en algunos, e incluso en no pocos de esos vídeos que, posteriormente a su visionado, terminan sepultados tras toneladas de inmundicia audiovisual. Tomo por caso el perfil de Istagrán de un ama de casa y madre de dos niños que se graba diariamente mientras prepara el desayuno, lleva a los niños al colegio, limpia, hace las camas y pone lavadoras y las tiende. Uno de sus vídeos se titula: “Una mañana conmigo y un mediodía conmigo mamade gemelos”: «Buenos días, chicas, me levanto (duda un momento mientras sube la persiana) a las seis. Abro la ventana, me tomo el café. Preparo las mochilas de mis niños, que se van de excursión. Les hago su Cola-cao. Me pongo los zapatos, porque ya era la ocho y cuarto y teníamo que irno, porque si no mis niño dise que se lescapaba el autobú. O enseño mi luk. Los llevo ya pal autobú. Me voy a andar. Llego a casa, desayuno, hago un directo. El café, que quemaba. Después recojo una lavadora, como os dije en un directo. Viene mi marío del campo, comemos puchero, nos ponemos a jugar un ratillo con la videoconsola. Recojo la cosina. Antes me echo un rato. Frego los platos». Resulta que tras este contenido aparentemente banal y anodino se configura una experiencia vital contracultural y domésticamente revolucionaria, donde la elementalidad surge como posibilidad de lo político. Si su rutina carece del prestigio asociado al éxito profesional, su actividad sostiene la vida concreta de una familia. El valor de la tarea doméstica como ejercicio totalizador de la vida cotidiana entra en tensión con las métricas de rendimiento. Su enfatización en cada pequeña acción dota de significado simbólico a una rutina actualmente caída en desprestigio.
Jesús de la Palma
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