En competición
Nunca me ha gustado competir. No me ha quedado más remedio que hacerlo, aunque siempre lo he hecho a disgusto. No hay nada que se me dé especialmente bien y tampoco tengo un interés especial por nada en particular. Todo lo que hago lo hago en cierta medida por obligación. Nunca he sabido qué es eso de tener pasión por algo. Todo lo que he hecho hasta ahora ha sido para escapar de mí mismo, de la vida, de los hombres. No me cae bien la gente que tiene objetivos muy definidos. Cuando voy al gimnasio sé que nunca estaré a la par de esos cuerpos esculpidos a base de sacrificio; cuando escribo, sé que nunca llegaré a nada más allá de unas cuantas cositas por aquí y por allá; lo mismo cuando leo, porque no me veo reflejado en esa gente que abre la boca y parecen bibliotecas con pelo, dientes y traje; los aprecio, pero no soy ni llegaré a ser como ellos. Soy la perfecta definición de estar de paso. En cierto modo, la vida y la muerte no van demasiado conmigo: soy capaz de soportar ese peso sobre los hombros. Estoy en medio, ni a un lado ni a otro. No sé qué hago aquí; me mantengo en pie como si me hubieran traído y aún no hubiera conseguido averiguar por qué ni para qué. ¿Quién podría querer algo de mí? ¿Y para qué todo esto?
Jesús de la Palma
Comentarios
Publicar un comentario