Carrito

M. A. se pone de pie, agarrado al carrito, mientras lo superviso. Se cae de culo y, aunque evito que se lo echa encima, rompe a llorar; más por la frustración que por el golpe. Lo cojo en brazos y lo tranquilizó, entonces hago como que le pego al carrito y le digo: «Malo, malo; tonto, tonto». M. A. se ríe. Lo vuelvo a hacer y se vuelve a reír. Se ha impartido justicia. 

Jesús de la Palma 

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