Carnaval

Segundo fin de semana con actividad carnavalesca. Voy al puerto con Manuel Abril. Hay actividades acuáticas, aunque la gruesa fila de gente me impide ver bien el desarrollo del concurso y el barullo me lo hace todo confuso; la gente en su mayoría ha acudido disfrazada. Reparo en algunos hombres que van disfrazados de mujeres. «Ni en mil vidas», me digo. Tampoco entiendo a los otros que se disfrazan de cualquier otra cosa. No se trata de una mirada prejuiciosa, solo ese sentimiento trágico de la vida que me atraviesa de arriba a abajo. Nunca me ha gustado disfrazarme, por lo que observaba a los concurrentes con la perplejidad del que quiere comprender pero no encuentra las herramientas para hacerlo. 

Jesús de la Palma 

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