Los intelectuales que tenemos en España apenas salen en televisión, y cuando lo hacen, lo hacen con comedimiento, por miedo de que no los vuelvan a llamar, y así siguen el discurso imperante, tanto en sus redes sociales como tras las cámaras de la caja tonta, y no se les puede culpar; Unamuno se pronunciaba a este respecto en "Cómo se hace una novela (Obras completas, VIII, 744-5)" del siguiente modo: "Las gentes de aquí me preguntan si es que no puedo volver a España. (...) No puedo ni debo volver mientras haya Directorio, mientras el general Martínez Anido esté en el poder, porque no podría callarme ni dejar de acusarles, y si vuelvo a España y acuso y grito en las calles y plazas la verdad, entonces mi libertad y hasta mi vida estarían en peligro".
Escroleo infinito
Sí, lo he dicho anteriormente: estaríamos mejor sin la invasión de vídeos cortos que incitan al escroleo infinito. Aun con todo, no niego que haya potencial en algunos, e incluso en no pocos de esos vídeos que, posteriormente a su visionado, terminan sepultados tras toneladas de inmundicia audiovisual. Tomo por caso el perfil de Istagrán de un ama de casa y madre de dos niños que se graba diariamente mientras prepara el desayuno, lleva a los niños al colegio, limpia, hace las camas y pone lavadoras y las tiende. Uno de sus vídeos se titula: “Una mañana conmigo y un mediodía conmigo mamade gemelos”: «Buenos días, chicas, me levanto (duda un momento mientras sube la persiana) a las seis. Abro la ventana, me tomo el café. Preparo las mochilas de mis niños, que se van de excursión. Les hago su Cola-cao. Me pongo los zapatos, porque ya era la ocho y cuarto y teníamo que irno, porque si no mis niño dise que se lescapaba el autobú. O enseño mi luk. Los llevo ya pal autobú. Me voy a andar. L...
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