Creo en un mundo mejor a corto plazo, pero no fijando la vista en el presente; sino que creo, digo, en que las épocas buenas duran poco. Sí creo en un yo mejor a largo plazo.
Sí, lo he dicho anteriormente: estaríamos mejor sin la invasión de vídeos cortos que incitan al escroleo infinito. Aun con todo, no niego que haya potencial en algunos, e incluso en no pocos de esos vídeos que, posteriormente a su visionado, terminan sepultados tras toneladas de inmundicia audiovisual. Tomo por caso el perfil de Istagrán de un ama de casa y madre de dos niños que se graba diariamente mientras prepara el desayuno, lleva a los niños al colegio, limpia, hace las camas y pone lavadoras y las tiende. Uno de sus vídeos se titula: “Una mañana conmigo y un mediodía conmigo mamade gemelos”: «Buenos días, chicas, me levanto (duda un momento mientras sube la persiana) a las seis. Abro la ventana, me tomo el café. Preparo las mochilas de mis niños, que se van de excursión. Les hago su Cola-cao. Me pongo los zapatos, porque ya era la ocho y cuarto y teníamo que irno, porque si no mis niño dise que se lescapaba el autobú. O enseño mi luk. Los llevo ya pal autobú. Me voy a andar. L...
Hoy, como ayer, tampoco he merendado. Un plátano. Pero es que comerse un plátano después de las siete no es merendar. Se merienda entre seis y seis y media; siete, a lo sumo, café y media tostada de lo que sea, o una torta de Inés Rosales. He pasado media vida merendando fuera, es un ritual que le ha venido dando sentido a mi existencia durante todo este tiempo. Con mi padre he ido a merendar la mayoría de las veces. He llegado a estar con un amigo y al llegar la hora de merendar salir pitando a donde estuviera mi padre, recogerlo e ir a la cafetería. Los momentos de mayor regocijo y serenidad los recuerdo en una cafetería, solo o con mi padre, con mis hijos o con mi esposa. Las cafeterías son para mí poco menos que un lugar de culto. Hoy he ido a la jazzística a primera hora de la tarde, poco después de comer; he tomado solo café, y después, al parque, donde he avistado a una bebé de más o menos los mismos meses que el mío, y allí que me he plantado. M. A. se ha vuelto loco con la beb...
¡Increíble! No recuerdo, viendo una película, haber sentido un escalofrío tan intenso como el el que he sentido en un momento de la trama de “Ángeles y forajidos”, dirigida por J. T. Mollner, a quien no conocía, pero de quien en adelante investigaré su trabajo. Esto sí es cine de altura, independientemente de si se es o no aficionado al género wéstern. Una cinta de suspense respaldada por un sólido y sórdido entramado psicológico, que mantiene el suspense hasta el último segundo. Jesús de la Palma
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