Entradas

Café solo y sin azúcar

Llevo varios días tomando el café sin azúcar. Se lo leí a alguien no hace mucho. Dedicaba una entrada de su blog a describir el sabor amargo del café que tomaba a diario, y decidí imitarlo. Esto tiene algo que ver con las células espejo, pero hace mucho tiempo que lo estudié en la carrera, en una asignatura que se llama Psicología del desarrollo, y ya no me acuerdo muy bien. En cualquier caso, y sin entrar en tecnicismos, es algo consabido que aprendemos por imitación.  Esta tarde hemos salido a merendar: dos bocaditos dulces para compartir. Pero al menos me ahorro el azúcar del café.  Estoy de espaldas y no presto demasiada atención, por lo que ella me advierte: —¿Has escuchado? —No, ¿Qué? —Detrás de ti. Acaba de llegar un señor, se ha sentado con uno que ya estaba, y le dice: «¿Qué pasa, José?». A lo que el otro responde: «Aquí, pensando en el suicidio». No he podido sino sonreírme. Ella sabía, porque me conoce, que me iba a hacer gracia, y por eso ha tomado nota.  El h...

Promesa de futuro

No hace mucho, en First Dates, el programa de citas, una chica joven, muy joven, puso como requisito que a su pareja le interesara la política. Ayer, en contraposición con este caso, una pareja: ella de setenta y siete, y el de ochenta y uno. Ambos convinieron en que no les interesaba la política en absoluto.  A mí parecer, cada una de las parejas estaba siendo consecuente con lo que se esperaría de ellas en un mundo como el descrito por Marshall Mcluhan en "El medio es el masaje", a saber: «Hoy, la audiencia masiva, puede ser una una fuerza creadora, participante. En cambio, se le arrojan, simplemente, fardos indiscriminados de entretenimiento pasivo. La política ofrece respuestas de ayer a las preguntas de hoy». Y es que solo la fuerza extracorpórea de la juventud, ese vigoroso ímpetu idealista, respaldado por una promesa de futuro y amparado por la razón y el conocimiento, será capaz de encender la luz para salir de las tinieblas y encontrar la puerta de salida para hacer ...

Una jornada gimnástica

Los viejos van lentos. Yo mismo, aun no siendo viejo, voy más lento que cuando tenía veinte años. Esta mañana hay dos viejos en el gimnasio. Uno se conserva mejor que el otro, y es más alto y fornido y conserva la petulancia de una juventud lejanamente desaparecida. El viejo que es joven lleva mallas cortas y camiseta de tirantes y zapatillas de marca y va peinado a la moda, con los laterales rapados y un flequillo ridículo. El otro está calvo y le asoman los pelos de la espalda por el cuello de la camiseta y no va a la moda; lleva ropa antigua y zapatillas sin marca conocida. Es un viejo al uso. Mientras el viejecillo ejercita los pectorales en la máquina contigua a la mía, se planta el envanecino delante y lo observa, como queriendo decir: «¿Cuánto te queda?». La música está fuerte, y el viejecillo, mediante un gesto, le da a entender que ya termina. Por un momento he sentido el impulso de levantarme. Obviamente no lo he hecho. Hoy he ejercitado pecho y tríceps. Sigo a un culturista ...

La culpa mata

Hemos de ser cautelosos con el sentimiento de culpa, no presentarnos a las puertas de la eternidad. La culpa mata. Se cobra víctimas diarias en forma de suicidio. El padre de Schopenhauer se suicidó. Recuerdo haber leído que a causa del dolor producido por una infección de oído. Hoy existen los antibióticos. Es cuestionable, a no ser en casos extremos, la idea de alguien se suicide hoy a causa del dolor. Tampoco, al menos en Occidente, es común que la gente se vea empujada al suicidio por no tener qué echarse a la boca. Pero los tentáculos del poder, que generan pobreza entre la mayoría, llegan más allá del plano físico y se adentran en lo más profundo de la conciencia, generando un sentimiento de culpa asesino. Sin embargo, la falacia de la autosuficiencia, del individuo por encima de la colectividad, tan extendida entre el imaginario colectivo y practicada por los mal llamados "entrenadores emocionales", e ideada por los gobernantes de turno y la élite financiera, elude una...

Ser escritor

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¿Qué es ser escritor? Ser escritor es armarse con la palabra. Sobre todo, ser escritor es ser lector, pues nada en claro puede sacar nadie de un folio en blanco, así como no se puede sacar agua de un pozo vacío. La vida, lo que transcurre delante de nosotros, quizá no sea un folio en blanco, pero sucede que es algo peor para la inspiración; algo así como un folio churreteado. De la vida no se sacan buenas ideas a no ser que se sepa interpretarla, y nadie, por ciencia infusa o inspiración divina, saca nada en claro de la misma mirando por mirar. Ya lo dice Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído». De otra parte, es Joaquín Soler, el conductor del mítico programa de entrevistas "A fondo", quien se dirige a su amigo de esta guisa: «Querido Camilo José, eras poeta en un principio» A lo que el siempre genial e imprevisible Cela responde: «Yo qué voy a ser... Yo soy un contribuyente». ¿Qué es, pues, ser escritor? Algo muy l...

Ocurrencias

Anoto públicamente cada una de mis ocurrencias para ser leído hoy, como el diarista antiguo lo hacía en una íntima hoja de papel con la ilusión de ser leído póstumamente, o quizá, con suerte, en algún momento de su vida. Dice Sócrates en el "Protágoras": «Si uno piensa algo él solo, enseguida, marchando por su alrededor busca a quién demostrárselo y con quién asegurarse hasta que lo encuentra». Jesús de la Palma 

El valor del dinero

En sintonía con el discurso propagandístico de los partidos políticos, proliferan los anuncios de las aseguradoras privadas haciendo hincapié en la importancia de la salud por sobre todas las cosas, supeditando el bienestar del individuo únicamente a su estado de salud; al mismo tiempo son tendencia los que hacen alusión a un estilo de vida nómada, que es sinónimo de precariedad e inestabilidad, como algo positivo, cuando lo que hacen en realidad es normalizar la pobreza y fomentar la resignación. Este fragmento del análisis del "Protágoras" de Platón por Gustavo Bueno es más que pertinente al respecto, a saber: «¿Acaso no es sabido que el dinero ha sido habitualmente el instrumento democrático por excelencia, el medio capaz de neutralizar las barreras de las castas hereditarias, dentro de las cuales ni siquiera el saber o la fortaleza física pueden comprarse? "El dinero es el disolvente más destructor del poder señorial", dicen los historiadores de la Edad Media (p...