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Pasa la vida

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Hay una canción de Pata Negra que se llama "Pasa la vida", y que a mí siempre me ha gustado mucho, pero que no he terminado de entender hasta hace muy poco, porque yo pensaba que sí, que la vida pasa, pero pásala; esto es, que mientras pasas el trago de vivir, cuidado con no atragantarte, porque la vida, a veces, por no decir a cada dos por tres, se hace bola; vamos, que no salimos de una cuando, sin darnos cuenta, estamos metidos en otra más gorda. Vivir es, como dice John Lennon en "Beautiful Boy", "aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado". Pero ¿quién puede hoy hacer planes? Eso parece ser ya cosa de una casta privilegiada. Para ellos sí que pasa la vida... Pero ¿y para los jóvenes? Ellos no entienden que la vida pasa, porque la juventud es sinónimo de eternidad. Y qué decir de los tiempos que corren: esa sensación de invencibilidad, mal gestionada, esto es, sin oportunidades, hace que, según la OMS, la segunda causa de muerte entre los jóve...

Silencio

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Escribir como antídoto contra la realidad, pero no para escapar de la misma, sino para ahondar a tal punto que el ruido ensordecedor de la superficie desaparezca. "El agua se aprende por la sed y el amor, por el hueco de la memoria", nos dice Emily Dickison en un poema. Sor Juana Inés de la Cruz, por su parte, en "Primero sueño", esto: "Todo, en fin, el silencio lo ocupaba, aun el ladrón dormía, aun el amante no se desvelaba...". Escribir, pues, para que el silencio nos abrace con su cálido silencio y olvidarnos de existir, puesto que no es otra cosa el vivir. Jesús de la Palma

Malas noticias

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Sentado en pendiente, la veo venir, arrastrando una silla de ruedas, cuesta arriba. Es ya anciana. "¡La vida!", me lamento. Veo que vende boletos del Euromillón. Nunca compro nada parecido, pero este caso es especial: vengo de una mala noticia y estoy leyendo a Marcuse. Las malas noticias a veces nos reconcilian con la vida: está todo perdido por un instante, por lo tanto, no hay nada ya que temer. Por otra parte, Marcuse habla de las condiciones laborales; entre otras cosas, habla de los peligros de la propaganda y la publicidad, y de la importancia de tener unas condiciones de trabajo agradables en vez de desagradables; habla de amos y servidores y de muchas cosas más. La veo acercarse y pienso en ello. "¿Qué lleva?", le pregunto. "El Euromillón", repone ella. Le compro y me siento doblemente en paz: por una parte, la ilusión ante la posibilidad de ser millonario; por otra, la sensación de ayudar. Una paz efímera, impostada. "¡Egoístamente, has ayud...

De don juanes y más...

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Una vez superada la pulsión sexual de la juventud, y ya en edad madura, veo a las mujeres con otros ojos: ahora soy capaz de admirar su arte y entender sus ideales. Yo nunca he sido un ligón, porque para serlo hay que tener mucha sangre fría, y labia también, y yo solo tengo de esto último, y eso, a la hora de ligar, es como estar cojo y pretender llegar el primero a la meta. A mí siempre me han gustado las mujeres, pero ahora, por la edad y las circunstancias, he dejado de competir; ya no es prioridad en mí querer gustar puesto que tengo a quien gustar. En la época de juventud, quería lo que no podía tener, esto es, mujeres; no tenía, al menos, todas las que yo, como cualquier otro joven, hubiera deseado. Cuando yo era joven veía a las mujeres como un medio, no como un fin: eran el medio de satisfacer, aparte de mis impulsos más primarios, mi insaciable deseo de felicidad. Yo no he estado con muchas mujeres, fui un joven de novias, y a excepción de alguna relación esporádica, siempre ...

Hacer cola es una profesión

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En su librito "Por qué se cuece el niño en la polenta", librito, por cierto, que marcó un hito en mi vida como lector, Aglaja Veteranyi relata sus experiencias y sensaciones durante la sanguinaria dictadura de Nicolae Ceauşescu, y nos dice cosas de este calado: "El dictador es zapatero de profesión, ha comprado sus diplomas en la escuela. No sabe ni escribir ni leer, dice mi madre, es más tonto que una tapia. Pero una tapia no mata, dice mi padre". También esta otra: "En mi tierra hacer cola es una profesión". Hoy, en España (aunque intuyo que no es un problema endémico), independientemente del signo político, los gobernantes también compran sus diplomas en la escuela y son, si no tontos, sí sordos como tapias, en cuanto a las necesidades de la ciudadanía; por su parte, y esto sí es a nivel mundial, hacer cola se ha convertido en una profesión. Jesús de la Palma

Turbamulta

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Los medios de comunicación de masas se han convertido en los principales aliados de los Gobiernos y de los poderes fácticos, y la verdad oficial en un látigo opresor contra la disidencia, contra cualquier indicio de pensamiento crítico. Pero no es esto lo que más debería preocuparnos, porque aquellos no serían nada sin una turbamulta que los jaleara e incitara a seguir mintiendo. El pueblo digiere la mentira mejor que la verdad; obedece, entrega sin concesiones cualquier vestigio de autonomía, y qué mejor abono para la opresión. Deberíamos cuidarnos, más que de ningún otro, de aquellos que a la mínima oportunidad acusan de elucubrador de conspiraciones a todo aquel que se atreve a ejercer su derecho a la objeción. Jesús de la Palma

Teatro de lo absurdo

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Yo escribo al modo de Ionesco en "La búsqueda intermitente (Diarios)", sin llegar a alcanzar su grado de intimidad ni, por supuesto, su talento; yo soy un amateurista, como diría Cela, en cuanto a las cosas que interesan del saber, porque de lo que realmente sé, ¿a quién podría interesar? Porque yo sé, principalmente, de las cosas del querer, y de eso, quien más, quien menos, todos sabemos un trecho. Yo apenas sé de Filosofía, si acaso, un poquitito de nada, pero es verdad que cuando escucho su nombre me pongo muy contento. Recuerdo que con siete años, una noche le pedí al Señor que me llevara con él, porque sentía que nunca iba a encontrar la verdad ni mi lugar en el mundo. Esta interpretación es de ahora, pero aquella noche, con mis siete añitos, la recuerdo como si fuera hoy, y recuerdo que me angustié al pensar que nadie me quería y que estaba muy solo en el mundo; he de aclarar, no obstante, que mis padres me adoraban, pero por alguna razón, con siete añitos, tuve mi pri...