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A. Schopenhauer, "El mundo como voluntad y representación".

"El hombre corriente se ve enteramente satisfecho y colmado por lo cotidiano, queda absorbido por él, encuentra por doquier iguales suyos y posee ese gusto por la rutina que le es negado al genio. (...) Así alguien prudente, en tanto que y mientras lo sea, no será genial, y alguien genial, en tanto que y mientras lo sea, no será prudente. (...) Ya se sabe que resulta raro encontrar aparejada una gran personalidad con una predominante sensatez, sino que más bien al contrario los individuos geniales a menudo están sometidos a vehementes afectos y pasiones irracionales. (...) Tampoco quiero dejar de mencionar que he conocido a cierta gente con una gran superioridad intelectual acaso no eminente, pero sí rotunda, que al mismo tiempo delataban un ligero viso de demencia. Conforme a ello, pudiera parecer que toda elevación del intelecto por encima del promedio ordinario es algo así como una anormalidad que predispone a la locura".

A. Schopenhauer, "El mundo como voluntad y representación".

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"La razón es de naturaleza femenina: solo puede dar a luz después de haber sido preñada. Por sí misma no tiene nada más que las formas hueras de su operar".

Bob Black, "La abolición del trabajo".

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"Todos los trabajadores industriales (y oficinistas) son empleados y padecen formas de vigilancia que aseguran la sumisión. (...) La degradación que la mayoría de los trabajadores experimenta en el lugar de trabajo es la suma de variopintas humillaciones que cabe agrupar bajo la denominación de disciplina. (...) El trabajo convierte la libertad en una parodia. Según el discurso oficial tenemos derechos y vivimos en democracias. (...) La burocracia estatal controla hasta el menor detalle de la vida cotidiana. (...) La jerarquía que hay en una oficina o una fábrica es del mismo tipo que la que hay en una prisión o en un monasterio. De hecho, como han demostrado Foucault y otros, las prisiones y las fábricas aparecieron más o menos al mismo tiempo, y quienes las gestionaban se inspiraron conscientemente en sus técnicas de control respectivas".

Maradona

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Si todos queríamos tanto a Maradona no era por su genio, sino por sus sombras. Podemos admirar a Messi o a Cristiano; pero nunca se creará una religión en torno a ellos. Cualquiera que haya visto jugar a Maradona no ha visto fútbol, ha visto magia, pero lo que hoy ha estremecido al mundo no es la pérdida del futbolista, sino del ser humano, del ser sufriente. Nadie adoraría a Jesucristo dos mil años después de no haber sido crucificado, y con Maradona sucederá algo similar, puesto que ha muerto el mito, pero comienza la leyenda.
No es difícil adivinar la mediocridad en el rigor y la compostura, por eso Unamuno dudaba entre razón y fe, entre realidad e idealidad; también Kierkegaard, y algo parecido sucedía con los antiguos griegos, quienes dibujaban dioses que engullían a sus propios hijos, y es que la excepcionalidad tiene más de abismal que de otra cosa.

Censura

Censura ha habido, hay y habrá, pero en España, en lo que a historia reciente se refiere, podemos diferenciar entre dictadura dura y dictadura blanda: con Franco la gente estaba distraída, y la distracción se puede corregir con un simple chasquido de dedos, con una proclama; de ahí la necesidad de endurecer las medidas al respecto; sin embargo, en la sociedad actual, la población está abducida y, por ende, no supone peligro alguno, es inofensiva. <<Que griten en Facebook y Twitter, que se exiban y desfogen en Tik-Tok o Instagram. Mientras sigan en la caverna, son inofensivos>>, se dicen los líderes de la actualidad.

Una jornada particular

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Hay una escena en la que Sophia Loren, protagonista de "Una jornada particular", dice lo siguiente: <<A una mujer inculta se le puede hacer cualquier cosa>>. Lo que me lleva a plantear la siguiente analogía: a una sociedad inculta se le puede hacer cualquier cosa. Jesús de la Palma